El fomo de no usar TikTok y llegar tarde a la música viral
Recientemente escuché por primera vez la canción Never, producida por los raperos estadounidenses Mag.Lo y O Super. Es una hermosa mezcla de lo-fi, hip-hop, rock alternativo y ciertos detalles de chiptune que me hicieron entrar en trance. Sin embargo, no son los artistas de los que vengo a hablar hoy, sino de por qué no los encontré antes, y más importante aún, el precio de huir del contenido en formato corto.
Mi descubrimiento de Never es la representación de lo que ocurre cuando la avidez por nuevos horizontes musicales choca con las reservas que tengo ante el consumo de este formato. La encontré en la playlist de alguien que no conocía, pero que me parecía interesante. Me atrapó al momento y me llevó a ese espacio mental que solo es accesible cuando encuentras un sonido que no sabías que estabas buscando, pero además viene de un artista que jamás habías escuchado. ¿Me habré topado con un talento desconocido? ¿Será un one hit wonder en mi microcosmos musical o me voy a obsesionar con un artista más? O como ocurre cada vez más en mi caso particular, ¿será que todo el mundo ya escuchó esta canción en TikTok hace dos años y yo solo la estoy encontrando extremadamente tarde, como los arqueólogos de las películas que llegan a la tumba de un faraón después de que ya fue saqueada? La respuesta esta vez era que la canción se había hecho viral en TikTok no solo una, sino dos veces: en 2019 y en 2022, y llegó a mí muchos años después de sus días de gloria. Este patrón de encontrar música que fue viral cuando aún Marvel era relevante en la industria del cine no es en absoluto nada nuevo para mí.
Pero dicha respuesta nunca es tan importante como la pregunta que viene después: ¿Estoy perdiendo terreno de descubrimiento musical, algo que persigo con el fervor de un peregrino, por no consumir videos de 30 segundos? Claramente sí, y aún tardo en decidir qué significa este retraso que tengo con la actualidad de la música viral, y si es compensado por los beneficios que trae mi actual forma de hallar música, que se resume en el algoritmo de Spotify y encontrar playlists de personas interesantes.
Tal vez el beneficio más obvio es no freír el cerebro. Personas mucho más inteligentes que yo han escrito suficiente sobre el declive del tiempo promedio de atención a nivel global en poblaciones jóvenes. Y si bien no me considero un santuario de la salud neurológica ni mucho menos, el haber superado la adicción a las redes sociales me hace no querer reemplazarla por una diferente. Por otro lado, creo yo que hay un beneficio mucho más sutil y menos obvio: el aspecto social.
Soy consciente de que no consumir contenido en formato corto me limita, y encontré la solución en el simple acto de socializar a través de la música. Hay personas a mi alrededor que están mucho más actualizadas en qué fue viral la semana pasada, y sobre todo, en qué sonidos están apareciendo que yo desconozco. Y el saber eso me empuja a interesarme en sus gustos. Tener conversaciones con quienes, sin la música de intermediario, probablemente no hubiera podido conectar. Al mismo tiempo, el buscar música en otros seres humanos también puede servir como una manera de levantar la mirada del teléfono más seguido, y tratar de balancear el detrimento de esta pandemia de dependencia tecnológica que todos, sin distinción, hemos sufrido. No creo que la batalla contra el doomscrolling se vaya a ganar a corto plazo, pero se puede resistir, incluso al costo de no estar tan al día como el resto de la gente.
Pero esta es solo una parte de la solución. Cuando inevitablemente regreso a la pantalla, la otra clave para sobrevivir fuera del universo acelerado del contenido corto consiste en entender el algoritmo de la plataforma que utilizas. He pasado bastante tiempo utilizando YouTube y Spotify como plataformas de streaming musical y, al menos en mi experiencia, Spotify está kilómetros delante en lo que a recomendar nueva música respecta. Mi hipótesis es que, por un tema de retención de usuarios, YouTube tiende a recomendarte cosas con las que ya estás familiarizado, lo que sirve bastante bien para viajes de nostalgia pero es terrible para encontrar nuevos horizontes. Spotify, sin embargo, es más aventurado. Conocer música allí es tan simple como poner una canción del género que te llame en ese momento y dejar el autoplay corriendo el resto del día. Resulta que varios artistas que van a aparecer aquí también están en tendencia en este momento. Así entraron Teo Lucadamo y Bb Trickz a mi rotación diaria, artistas de quienes hablaremos la próxima semana.
Finalmente, es importante reconocer que en el fondo no tengo idea de qué realmente me estoy perdiendo por no estar siempre al día. Puede ser el fomo hablando y no es para tanto, o tal vez podría escribir con más autoridad y conexión con el hoy. Pero ya hace mucho tiempo acepté que no importa qué ni cuántas canciones vaya encontrando, la realidad es que no me va a alcanzar la vida para escuchar todo lo que hay que escuchar, viejo o nuevo, y debo hacer las paces con el hecho de que hay obras maestras que jamás voy a conocer. Entonces, ¿realmente hace diferencia el no enterarme de una canción el momento en el que sale si de todas maneras estoy descubriendo música a diario? Creo que, en el gran orden de las cosas, la respuesta es no.